No llegues a diciembre sin tomar estas 5 decisiones financieras
Aunque muchas empresas esperan a las últimas semanas del año para revisar sus resultados, tomar decisiones fiscales o analizar sus necesidades de financiación, algunas de las medidas más importantes necesitan tiempo para estudiarse y ejecutarse correctamente.
El cierre del ejercicio no empieza en diciembre.
Agosto puede ser un buen momento para detenerse, revisar la situación financiera de la empresa y preparar el último trimestre con una visión más estratégica. No se trata únicamente de estimar cuánto se facturará hasta diciembre, sino de comprobar si la compañía cuenta con la liquidez, la financiación y la estructura necesarias para cumplir sus objetivos.
Estas son cinco decisiones financieras que una pyme debería abordar antes de afrontar la recta final del año.
1. Decidir qué inversiones se realizarán y cómo se financiarán
Renovar maquinaria, incorporar tecnología, ampliar instalaciones, contratar personal o lanzar una nueva línea de negocio son decisiones que pueden impulsar el crecimiento de una empresa. Sin embargo, también pueden generar una presión importante sobre su tesorería.
Antes de aprobar una inversión conviene responder a varias preguntas:
- ¿Qué impacto tendrá sobre los ingresos o la eficiencia del negocio?
- ¿Cuánto tiempo necesitará la empresa para recuperar el dinero invertido?
- ¿Puede asumirse con recursos propios?
- ¿Es preferible financiarla mediante un préstamo, un leasing u otra alternativa?
- ¿Qué ocurriría si los resultados tardaran más de lo previsto en llegar?
Uno de los errores más habituales consiste en analizar únicamente si la empresa puede pagar la inversión hoy. La cuestión realmente importante es comprobar si podrá asumirla sin comprometer su operativa durante los siguientes meses.
Una inversión puede ser rentable a largo plazo y, al mismo tiempo, provocar una tensión de liquidez si no se estructura correctamente.
Por eso, antes del último trimestre conviene clasificar las inversiones entre necesarias, estratégicas y aplazables. También es importante preparar diferentes escenarios y definir cómo se financiará cada proyecto.
2. Revisar la estructura de la deuda
No toda la deuda afecta de la misma manera a una empresa.
Una compañía puede estar cumpliendo puntualmente con sus pagos y, aun así, tener una estructura financiera poco adecuada. Esto ocurre, por ejemplo, cuando se utilizan pólizas de crédito para financiar inversiones a largo plazo o cuando una parte excesiva de la deuda vence en un periodo muy corto.
La revisión debería incluir:
- Los préstamos y líneas de crédito vigentes.
- Sus fechas de vencimiento.
- Los tipos de interés y comisiones.
- Las garantías aportadas.
- La concentración de la financiación en una sola entidad.
- Las condiciones y obligaciones incluidas en los contratos.
- La proporción entre deuda a corto y largo plazo.
El objetivo no es eliminar toda la deuda. Un nivel de endeudamiento razonable puede permitir a una empresa financiar inversiones y crecer sin consumir todos sus recursos propios. La clave está en encontrar una estructura coherente con la generación de caja y la capacidad de pago del negocio. El Banco de España también señala que el reto consiste en combinar solidez financiera y capacidad de inversión, además de diversificar las fuentes de financiación para aumentar la resiliencia de las pymes.
Si la empresa detecta vencimientos importantes, costes elevados o una dependencia excesiva de una única entidad, todavía existe margen para negociar antes del cierre del ejercicio.
Esperar hasta que aparezca una necesidad urgente reduce las alternativas y debilita la posición negociadora de la empresa.
3. Anticipar el impacto fiscal del cierre
La planificación fiscal no debería comenzar cuando el ejercicio ya ha terminado.
Durante los meses previos al cierre es recomendable realizar una estimación del resultado anual y analizar, junto con los asesores fiscales, qué decisiones pueden influir sobre la tributación de la empresa.
Esta revisión puede incluir:
- La previsión del resultado contable y fiscal.
- Las inversiones realizadas durante el ejercicio.
- Las amortizaciones.
- Las posibles deducciones e incentivos fiscales.
- Los proyectos de innovación o digitalización.
- Las subvenciones recibidas o pendientes.
- Las operaciones extraordinarias previstas.
- Las pérdidas o créditos fiscales de ejercicios anteriores.
El objetivo no debe ser tomar decisiones exclusivamente para pagar menos impuestos. Se trata de evitar sorpresas, organizar correctamente la documentación y aprovechar los incentivos que correspondan a la actividad real de la empresa.
También es importante coordinar las decisiones fiscales con la tesorería. Conocer con antelación las obligaciones previstas permite reservar liquidez y evitar que los pagos fiscales coincidan con otros vencimientos importantes.
La fiscalidad debe formar parte de la planificación financiera, no aparecer como una cuestión independiente cuando el ejercicio ya está cerrado.
4. Proteger la tesorería del último trimestre
Una empresa puede cerrar el año con beneficios y, aun así, tener dificultades para atender sus pagos.
La rentabilidad y la liquidez están relacionadas, pero no son lo mismo. Las ventas pendientes de cobro, el aumento del inventario o la acumulación de pagos pueden provocar tensiones incluso cuando la cuenta de resultados parece positiva.
Por eso, antes de comenzar el último trimestre es recomendable preparar una previsión de tesorería que incluya:
- Los cobros previstos.
- Los pagos a proveedores.
- Las nóminas y costes sociales.
- Los impuestos.
- Las cuotas de financiación.
- Las inversiones pendientes.
- Los gastos extraordinarios.
- Los posibles retrasos de clientes.
La previsión debería contemplar diferentes escenarios. No basta con asumir que todos los cobros se producirán en la fecha acordada. También hay que calcular qué ocurriría si una factura importante se retrasara, si las ventas fueran inferiores a lo esperado o si apareciera un gasto imprevisto.
A partir de este análisis, la empresa puede adoptar medidas como acelerar cobros, renegociar determinados pagos, reducir inventario, revisar gastos o preparar financiación de circulante.
Cuanto antes se detecte una posible falta de liquidez, más opciones habrá para solucionarla.
5. Ajustar los objetivos de crecimiento a la realidad financiera
El último trimestre también es el momento de comprobar si los objetivos definidos al principio del ejercicio siguen siendo realistas.
La facturación puede haber evolucionado de manera distinta a la prevista. Los márgenes pueden haberse reducido, algunos costes pueden haber aumentado y determinadas inversiones pueden no haber generado todavía los resultados esperados.
Por eso, conviene revisar:
- La evolución de las ventas.
- El margen por producto, servicio o cliente.
- Los costes fijos y variables.
- La rentabilidad de las diferentes líneas de negocio.
- La generación real de caja.
- La capacidad de asumir nuevas inversiones.
- Las previsiones para el siguiente ejercicio.
Crecer no consiste únicamente en vender más.
En algunos casos, un aumento de la facturación obliga a financiar más inventario, contratar personal o soportar plazos de cobro más largos. Si ese crecimiento no se acompaña de planificación financiera, puede terminar debilitando la liquidez de la empresa.
El objetivo debe ser definir cuánto puede crecer la compañía sin comprometer su estabilidad y qué recursos necesita para hacerlo de manera sostenible.
No esperar a diciembre para tomar decisiones
El cierre del ejercicio debería ser el resultado de una planificación previa, no una carrera para corregir problemas durante las últimas semanas del año.
Revisar las inversiones, la deuda, la fiscalidad, la tesorería y los objetivos de crecimiento permite detectar desviaciones, preparar alternativas y afrontar el siguiente ejercicio con mayor claridad.
No todas las empresas necesitarán adoptar las mismas medidas. Algunas deberán reforzar su liquidez; otras tendrán que renegociar deuda, aplazar inversiones o buscar nuevas fuentes de financiación.
Lo importante es disponer de información actualizada y convertirla en decisiones concretas.
En Vanguart Advisors ayudamos a las pymes a analizar su situación financiera, proyectar diferentes escenarios y preparar una estrategia que conecte financiación, liquidez y crecimiento. Actuamos como dirección financiera externa para que las empresas puedan anticiparse y tomar decisiones con una visión más completa de su negocio.
Preparar el cierre con tiempo no solo permite terminar mejor el año. También ayuda a empezar el siguiente con una estructura financiera más sólida.
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